Tras tener cinco hijos como vientre de alquiler (cuatro de ellos en partos gemelares) la norteamericana Kelly Martínez ha dicho basta. «No lo volvería a hacer.
Alejarme de mi marido (en la foto con ella), que piensa que no soy la
persona con la que se casó, dejar de lado a mis tres hijos... y el daño
mental que comportan estas circunstancias, no merece la pena». Pero no
siempre lo tuvo tan claro. «Me motivaba que me pagaran por hacer algo que me gustaba y se me daba bien»,
reconoce. Pero su último embarazo, por encargo de una pareja española, y
por el que cobró 35.000 dólares aproximadamente, le hizo abrir los ojos
ante esta realidad. «Al principio su comportamiento fue normal.
Hablábamos por Skype y nos poníamos al día de la marcha del embarazo.
Querían un niño y una niña, pero pasó algo que por lo visto solo sucede
una vez entre un millón: el embrión femenino no agarró y el del niño se
dividió en dos». Como eso no es lo que ellos querían, la relación empezó
a tornarse «rara». «Intentaba ponerme en contacto con ellos pero me
resultaba imposible, siempre estaban "muy ocupados". Se quejaban de que
habían pagado extra para tener chico y chica y que estaban tremendamente
disgustados».
Kelly Martínez, durante su estancia en Madrid- ISABEL PERMUY
El nivel de estrés le hizo padecer una enfermedad muy grave
llamada preclampsia (caracterizada por una elevada presión arterial) en
los últimos meses de gestación, y que casi le causa la muerte. Terminó
dando a luz a los siete meses mediante cesárea. La pareja española
exigió realizar un análisis de la placenta para ver qué había ocurrido, y
el primer día que fue a conocer a los niños al hospital solo estuvo con
ellos una hora. En esos momentos, Martínez reconoce haber pensado que
se los iba a tener que quedar ella. «Pero de ninguna forma podía sacarles adelante», asegura.
La
pareja regresó a España pero, según esta madre de alquiler, les quedaba
un pago por hacer que no terminaban de realizar. «Ni siquiera
respondían a mis reclamaciones», asegura. La agencia tampoco se hacía
financieramente responsable, así que esta mujer decidió contactar con el
abogado de la pareja en España. Este le acusaba de no haber pasado las
revisiones necesarias, y hacía alusión a que dos bebés varones no era lo
que sus representados habían acordado. Esto le llevó a pedir ayuda y darse cuenta de que había mucha gente que quería ayudar. Finalmente contactó con Jennifer Lahl, presidenta y fundadora del Centro de Bioética y Cultura de Estados Unidos y miembro de la plataforma Stop Surrogancy Now
y en dos días tenía en su cuenta los 7.000 dólares que faltaban por
abonar. «Me he sentido explotada por esta pareja española», denuncia.
Con los tres hijos gestados como vientre de alquiler con
anterioridad ha tenido distintas experiencias. Con los dos primeros
gemelos que tuvo para una pareja de hombres franceses tuvo trato durante
casi ocho años, hasta que que le exigieron que firmara unos papeles
relacionados con el registro de los pequeños. Con el niño que tuvo para
una familia de Iowa sí que mantiene contacto. Sin embargo, Martínez no
cree que vaya a tener comunicación alguna con estos bebés en el futuro y
le duele pensar que, dada la experiencia vivida, «no vayan a recibir el
amor adecuado en su nueva familia». «Pensar esto —afirma— me rompe el corazón».
Esta
es una de las razones que han llevado a esta mujer a unirse a la
campaña lanzada por plataforma Stop Surrongacy Now que ahora se presenta
en España y que aboga por el fin de esta práctica en todo el mundo:«Creemos que es un problema global, y como tal hay que darle una solución global», concluyen desde esta entidad.
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