Si usted busca el perdón de Dios o desea agradecer un milagro concedido pero la idea de caminar descalzo durante días le desagrada, es un potencial cliente de Carlos Gil, un portugués que peregrina por encargo hasta Fátima, un servicio que puede costar hasta 2.500 euros.
Carlos Gil, de 52 años, forma parte de los cerca de un millón de peregrinos que se espera que lleguen a esta pequeña aldea del centro de Portugal para asistir el 12 y el 13 de mayo a la canonización por el papa Francisco de dos de los tres pastorcitos que en 1917 afirmaron haber visto allí a la Virgen.
Pero Gil será probablemente el único de los peregrinos que obtendrá algo más que los favores de Dios a cambio, ya que cuando acude al santuario, este portugués ofrece una amplia gama de servicios a distintos precios.
Por prender una vela, son 25 euros, por recitar el rosario el precio sube a 250.
Si alguien se lo pide Carlos Gil está dispuesto a recorrer de rodillas los últimos 400 metros de la explanada del santuario que llevan a la Capilla de las Apariciones.
Equipado con su bordón, con una mochila ligera, Gil dejó de su pequeño chalet blanco ubicado cerca de Cascais, al oeste de Lisboa, bajo un cielo lluvioso.
Para llegar a tiempo, Carlos Gil salió a las 07h30. En 2010 estuvo para la visita de Benedicto XVI. Su hermana Maria José, de 50 años, lo acompaña.
En su peregrinación eligen pequeños senderos lejos de las carreteras nacionales. Seis días después llegará a Fátima, el día antes de la visita papal.
En su viaje, habrá completado 200 kilómetros a pie y pernoctará en casas de personas que lo alberguen o incluso puede que duerma bajo las estrellas.
Con respecto a su cliente, contó que se trata de una mujer que lo contacto mediante la aplicación WhatsApp. El resto es secreto profesional.
"Por principios no pregunto nunca los motivos, para evitar hacerme juicios sobre ellos", explicó con tranquilidad.

'El trato se cierra con el Divino'

Una peregrinación, ya sea hecha para uno mismo o para ayudar a otro, puede tener varios objetivos: cumplir una promesa hecha a Dios, solicitarle la sanación de alguna dolencia, cumplir los deseos como ser madre, tener éxito profesional.
También hay gestos de agradecimiento cuando el milagro fue concedido y personas que acuden para expiar un pecado.
Si bien Carlos Gil afirma, que para él "no se trata de hacer negocios, sino de estar al servicio de los otros", sobre todo de los enfermos que no pueden desplazarse, aclara que "el trato se cierra con el Divino".
"Para mí, es una pasión, yo soy católico, pero si hubiera nacido en Arabia Saudita, sería musulmán y haría peregrinajes a la Meca", dijo con una leve sonrisa.

Peregrinaje de Carlos Gil en Fátima
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